miércoles, 9 de julio de 2014

Inmersión


Me pregunto qué habrá detrás de esta hoja que se me quedó en blanco. Toda mi vida cambió en dos semanas y me tomó por sorpresa. Regresarán las palabras a mí, porque en el silencio, la ausencia de mi voz endurece mi estado introspectivo. 

Me da miedo descender de este barco y nadar hacia el fondo del mar. Estuve dos años flotando y disfrutando del sol, de los sueños y la compañía, y me alejé de mí. Lentamente el barco da vuelta y las imágenes del amor se van difuminando.  

Viajo al fondo del mar. Me ilumina la lucidez del aprendizaje, de la experiencia y la ilusión.


sábado, 5 de abril de 2014

Un nuevo horizonte.

Me quiero ir. Caminar y escribir nuevas historias. Perspectivas diferentes y con un tiempo que no azote mis ideas. 

domingo, 9 de febrero de 2014

Detienes el tiempo



El tiempo puede irse a instalar en otro cuerpo.
El movimiento continuo de mis manos no lo deja hacerme suya.
Hay cosas que pienso con los pies en la tierra,
pero los días contigo me los imagino en las nubes.
No puedo encontrar en el mundo algo que me llene tanto
como las palabras.
Hay algunas que las leo detenidamente, especialmente si llevan las letras de tu nombre,
y otras que entre un murmullo las devoro y se hacen polvo.
Abro los ojos, pero mi corazón no late al ritmo de lo que veo.
Mis parpados se detienen todo el tiempo.
El zigzagueo de tus labios es algo que no puedo relatar,
solo vivir.  Al describirlo inevitablemente mis manos y mi mente se encuentran.

Muerdo tus oraciones. Dejo de ser yo, y soy el tiempo que se instala en tu cuerpo.

martes, 17 de diciembre de 2013

Perdida en medio de la noche


Anoche estaba perdida. Daba vueltas en el medio metro que queda entre su cama y la puerta de su habitación. Del otro lado yo escuchaba su voz, que con dolor le preguntaba a Dios, ¿por qué me pasa esto?, ¿por qué?, ¿por qué?.

Me levanté, toqué la puerta y delante vi un reflejo magnificado de lo que soy. Una mirada perdida y confundida. Jody, Jody, Jody. ¿Qué es esto? ¿Es una casa? ¿Para qué sirve un carro? Algunas cosas son objetos. Los perros no los quiero, ya no los soporto.

Le pregunté si podía hacer algo por ella. Por supuesto que sí, me contestó. Pero no me pidió nada. Solo me veía y su mirada me causaba dolor. ¿Qué podía hacer por ella? De alguna manera entendía lo que pasaba. Lo vi parecido a la ansiedad que a veces siento. Algo me raspó la espalda.

Sabía que sería tonto preguntarle si había tratado dormir. Los bordes de sus ojos profundamente oscuros me decían que había en su cama una angustia que la expulsaba del sueño y la hacía navegar en la turbulencia que era ahora su cabeza.

Quería llorar. Que impotencia, la mía, la del mundo, la de ella. La noche es tan larga a veces, y tan bondadosa para regalar dolor.

Le pregunté por la pastilla que solía tomar para dormir. Me pareció tan egoísta esa pregunta, pero en realidad me preocupaba que se quedara despierta toda la noche con esa angustia, confusión y ansiedad.

Me dijo que luego de años de tomarla a diario, decidió un día suspenderla, sin más. Me asusté. Ella llevaba días deprimida, saltando de una tristeza a otra. ¿Tendrá alguna vinculación el medicamento? No lo sé, pero le sugerí que le preguntará al doctor. Asintió.

Me dijo que se dormiría ya. Me despedí y le dije que podía llamarme por cualquier cosa. Me acosté y escuché que sacó su frasco de medicina. Minutos después regresó a su habitación, lloró y todo se quedó en silencio.

La oscuridad llenó la casa. El silencio acabó con lo que quedaba del día, el mismo día que se repitió durante cada segundo que ella vivía.

La ansiedad es tan triste.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Un todo inconcluso.


Un todo inconcluso. Hay algo inconcebible en nuestro amor. No termina de nacer, de verterse entre nosotros. Son centímetros los que nos separan y en tu ausencia siento que los miles de milímetros son ya una extensión de mí. 

No estás no sé si por casualidad, por amor, por miedo o por error.  Solo sé que en nuestras miradas y nuestros paralelos pensamientos hay algo que no se transmite. Algo que muta en nuestros abrazos y nos deja tendidos con la incógnita de estar o no, en el lugar equivocado.

Irresponsable


Atrapada entre cuatro paredes. Los golpes son suaves como los suspiros. En este momento quisiera no tener nada más que un par de pinceles en mi mano. Ausencia y música a mi alrededor. Un lugar alejado del mundo. Del exterior. Rodeada de los colores que chocan en mis parpados cuando con presión cierro los ojos. Pienso en el color verde mezclado un halo de luz, y un poco de tierra. Café de suelo, de donde crece una ilusión, -después uno se eleva-. Hay algo de alegría en la soledad. En la falta de responsabilidades. Quisiera ser irresponsable por unos minutos. No tener nada en qué preocuparme. Que el propósito de unos cuantos segundos sea solo pintar y recordar algunas cosas que me hicieron feliz. Escribir un mensaje, absorber sol, aspirar inexistencia. Ser irresponsablemente yo.





Debo volver a trabajar.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El abrazo



La apariencia física, el aspecto, dista en muchas ocasiones de lo que hay en el corazón.

Las malformaciones pueden llevarse adentro, pueden ser intangibles, invisibles, insensibles. Soy una de esas personas, con algo anormal en el alma, algo que duele, que raspa, que a veces sangra.

Cuando estoy triste, no tengo ganas de hablar, ni de ver a nadie, tampoco que me miren y traten de acercarse. Se me quita el hambre, no siento frío ni calor. Involuntariamente me voy sumiendo en un abismo en el que percibo el movimiento de cada uno de mis pensamientos.

Los recuerdos son como astillas, el presente es como el viento. La menor actividad mueve la tristeza, que como un fino taladro va escarbando en mi vida.

En ese momento solo quiero un abrazo de amor. Que se desvanezca los detalles del horror, y “dejar allí mi dolor”. 

martes, 19 de noviembre de 2013

Adiós

No entiendo qué me sucede en esos momentos.
Trataré de explicármelo, tal vez así puedo evitarlo.

Voy viajando en un carro. Veo por la ventana, veo el semáforo.
Estoy atenta por si viene un ladrón.
De pronto como una ola que choca contra la misma agua apacible
algo revienta en mi pecho. Es dolor. Se llama dolor.

Entonces yo soy como el papel aluminio.
De estar alegre por no tener una arruga o algo que interrumpa mi vida
Paso a ser una bola de aluminio con puntas que cortan, figura amorfa
Y que al extender no vuelve a ser como era.

Me destrozo hacia adentro
Y trato sacar mi mano para que mi acompañante me ayude a salir...

Pero no me entiende
Piensa que le digo adiós…


Algún día lo diré. 

Absurdo


Eso de la expresión en las redes sociales me confunde. Todo es incierto. Pocos “estados” se contextualizan, y no es mucho lo que tiene sentido.

Primero, las comunicaciones indirectas. Si algo pasó con otro usuario de la red, este escribe algo que nadie más que él y la persona "discretamente" aludida entenderán. Luego la otra persona responde la comunicación sin mencionar nombres, y así se van. Diciendo lo que sienten sin tener valentía para hablarse.

Segundo, el que más me irrita, es el método de filtreo. También las letras en mayúscula o minúscula simulando estados de emoción, y caras con expresiones me confunden. No ir al ritmo del lenguaje cibernético me da igual, pero me exasperan las personas que se jactan de su conocimiento “moderno y de vanguardia”.

Asco. Me ofusca porque le ponen más atención a lo que escriben los nombres antecedidos por arrobas que a las conversaciones que podrían tener con personas reales. Todos nos vamos convirtiendo en individuos cada vez más alejados de una comunidad real.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Deseo



A veces tengo mucho que decir,
pero mi lengua se esconde como un pergamino
que retrocede ante el tiempo.

Es que a veces el mundo es un lugar de horror,
Y yo pienso que es mejor vivir sola, dentro de mí.

Sin embargo, hay momentos como el que ahora recuerdo,
donde a cierta altura veo por encima de los árboles y
pienso que la llamada divina creación no parece algo tan complejo.

Allí me dan ganas de gritar y llorar.
Debajo de las nubes y
encima de mis miedos.

Casi siempre quiero tirarme de un techo,
y deseo que en la caída el mundo gire en 360 grados
para que mi rostro no se rompa en el suelo
sino que flote y vuele lejos de esto que llaman humanidad.